Hola!
A pesar de que mis tres últimas publicaciones son cuentos infantiles, les recuerdo que en entradas anteriores, que se visualizan más abajo en este blog, figuran artículos con diferentes estilos de redacción.
También se ennumeran algunos de los títulos de trabajos realizados y publicados en una plataforma española de contenidos web a la demanda, para la cual trabajé hace algunos meses. Aunque no tengo certeza de cuánto tiempo más figurarán en la web, al día de hoy es posible acceder a dichos artículos cliqueando sobre el link correspondiente.
Les recuerdo que este blog fue creado con la finalidad de mostrar algunos de esos trabajos, como portfotlio, y no como una página comercial, por eso no hay continuidad ni una frecuencia determinada en la publicación de los artículos y cuentos.
Un saludo cordial de
MARÍA DEL HUERTO FERNÁNDEZ DE RISSO (Mariela)
Minas, Uruguay
Ilustraciones y dibujos a mano. Contenidos web y artículos originales. Reescritura de artículos. Resúmenes. Redacciones. Frases y cuentos. Redacción en diferentes estilos: formal, informal o neutro. Solamente en español. Experiencia previa en redacción de artículos de temas variados en una plataforma de contenidos web a la demanda (Wikio-experts). El 20/12/2014 creé una entrada con fotografías propias, como una especie de portfolio fotográfico.
jueves, 29 de marzo de 2012
PRIMOROSA Y SUS PREGUNTAS
Cuento publicado en LOS CUENTOS DEL GALLITO (Suplemento EL ESCOLAR del DIARIO EL PAIS, el 2/3/94)
Corría feliz por el campo. Era la corderita más joven del plantel y ese domingo soleado de primavera cumplía su primer mes de vida.
Lo festejaba, alegre, correteando por la pradera, persiguiendo las mariposas que se cruzaban, de a ratos, por su camino.
Corriendo y saltando llegó al límite del campo. Allá, del otro lado del alambrado, en el campo vecino, un grupo de ovejas la observaba, curiosas.
- Bee… beeee…. – baló Primorosa – vengan a conversar.
Entonces, se acerca una.
- ¡Qué bebé más grande eres! – comenta, asombrada, Primorosa, al ver el tamaño de su vecina.
- No soy bebé – ríe la vecina – Soy mayor, y ya madre de tres corderitos de diferentes edades.
- ¿Cómo que no eres bebé? ¡Si estás tan pelada como cuando yo nací! – acota Primorosa.
- No, corderita. No te equivoques. Todas las ovejas cuando nacemos somos peladas, sin ningún vellón. Luego nos crece, en pequeños mechones primero, para luego cubrirnos totalmente de espesa, abundante y enrulada lana. Pero al llegar la primavera, nuestros dueños nos esquilan para vender nuestra lana y permitirnos, a la vez, sentirnos más frescas en las agobiantes y calurosas tardes del verano. A ti también te va a pasar. Dentro de un año estarás como yo, sin lana, pero ya no serás bebé – aclara la oveja vecina.
- Pero mi mamá tiene toda su lana – replica Primorosa.
- Eso es porque aún su dueño no la ha esquilado. El mío siempre lo hace temprano, cuando llega el mes de setiembre. Pero esa tarea se puede hacer entre setiembre y los primeros días de diciembre. Ya verás que a ella también, pronto, la esquilarán – asegura la vecina.
Primorosa cambia la curiosa expresión de su carita y se llena de congoja al preguntar:
- ¿Quieres decir que mi mamá se verá flaca y arrugada como tú?
- ¡Claro! No es que enflaquezca. Lo que pasa es que al final del invierno todas las ovejas estamos tan tupidas de lana que parecemos más gordas. Pero no lo somos – contesta la oveja del campo de al lado.
- Me dará pena ver así a mi mamá – replica, triste, Primorosa.
- No te entristezcas. Recuerda que así, en verano, se sentirá fresca – culmina la otra oveja. – Y ahora discúlpame. Tengo que dar de mamar a mi cría más pequeña – agrega, y corre a reunirse con su corderito.
Primorosa la mira alejarse, pensativa, y reflexiona:
- Sí, tiene razón. Mamá se sentirá fresca. Y además, para mí, seguirá siendo bella.
MARIELA FERNÁNDEZ DE RISSO
Minas, Uruguay
FELICES SUEÑOS, NICASIO
Cuento publicado en LOS CUENTOS DEL GALLITO (Suplemento EL ESCOLAR del DIARIO EL PAIS, el 8/9/93)
Nicasio era un niño de cuatro años que cada mañana despertaba llorando.
Su mamá estaba muy preocupada pues todos los días cuando preguntaba a Nicasio el motivo de su llanto, la respuesta era la misma.
- Soñé que compraba una escalera larga, muy larga, mamá. Y me subía a ella e intentaba alcanzar las estrellas. Pero todos los días la Luna se interponía entre ellas y yo, y no me dejaba alcanzarlas. ¿Qué puedo hacer, mamá?
Tantas veces escuchó la madre la misma respuesta que una noche, luego de que su hijo se durmió, se asomó a la ventana a hablarle a la Luna.
- Señora Luna – le dijo – tú sabes que mi hijito todas las noches sueña que quiere alcanzar una estrella. Y todas las mañanas llora porque tú te le interpones en sus sueños y no logra alcanzar su estrella. ¿Puedes, esta noche, permitirle que la alcance? Lo harías muy feliz.
La mamá siempre había creído en los milagros y aunque la Luna, bien sabía ella, no oye, estaba segura de que, al hablarle, iba a lograr conseguir lo que pidiera. Por eso no se asombró cuando a la mañana siguiente escuchó el alegre llamado de su hijo.
- Mamá, mamita. ¿Sabes? Anoche alcancé a mi estrella. Y me invitó a subir a ella. Y me contó que era una estrella viajera, y que pasearíamos por el cielo y veríamos cosas muy bellas. Al principio, mamita, me asusté un poco y no creía mucho en lo que ella me decía. Pero, ¡si supieras, mamita, cuantas cosas hermosas vimos!
- Cuéntame, hijo, cuéntame – pidió, contenta, su madre y agradeció en silencio que la Luna escuchara su plegaria la noche anterior. – Cuéntame todo desde el principio, para que yo todo lo sepa.
- ¿Sabes, mamita? Yo compré una escalera nueva. Y subí peldaño por peldaño, hasta bien alto en la escalera. Pero la Luna no estaba, y pude llegar a la estrella. Cuando ella me invitó a viajar, subí a ella. Y de pronto ella se iluminó mucho, y brillaba, y desplegó una cola transparente y luminosa, bien larga, como la de las cometas. Me dijo: “agárrate fuerte”. Así lo hice y entonces ella comenzó a volar despacio por entre las nubes. Y alumbró la noche, y yo miré hacia abajo y vi cosas realmente bellas.
- ¿Qué cosas viste, mi niño? – preguntó la madre.
- Vi árboles, muchos árboles. Unos verdes, otros con hojas plateadas y algunos sin hojas, sólo con sus ramas secas. Vi flores de todos colores… y arroyos… y casas con rojas chimeneas. También vi ventanas abiertas y muchos niños durmiendo mientras yo paseaba en mi estrella. Y vi muchos animalitos que dormían en el campo: eran vacas, caballos, ovejas, aves en los corrales que también se veían desde allá arriba en el cielo. Y pajaritos que dormitaban en las ramas de los árboles. Y aves nocturnas como el búho que, parados en las ramas, emitían sonidos raros, no tan lindos como el canto de la calandria y el zorzal que tenemos en la jaula del patio de casa.
También vi las ranas y sapos que bailaban y croaban en los charcos de agua que veíamos, de vez en cuando, en nuestro recorrido. Y escuché grillitos. Y vi muchas luciérnagas. Y luego cruzamos el mar y pude ver las luces de los barcos que esperaban, anclados y quietos, que llegara el nuevo día para proseguir su marcha. Y después cruzamos otra ciudad y también vi muchas luces y unos pocos autos que corrían por las carreteras. Y escuché música de algunos sitios donde la gente que había, bailaba y cantaba. Y por cada lugar que pasábamos bajaba un poco mi estrella para que yo pudiera ver las cosas más de cerca. Y luego volvía a subir, para ir más rápido, hasta otro lugar donde me enseñaba más cosas bellas.
- Me alegro mucho, hijito. Al fin pudiste alcanzar tu estrella – dice la madre.
- Sí, mamá. Pero ¿sabes una cosa? Ya no quiero alcanzar más estrellas. Yo pensaba que era lo único lindo que había en el mundo. Pero ella me enseñó que también acá, en la Tierra, tenemos tantas cosas bellas…
MARIELA FERNÁNDEZ DE RISSO
Minas, Uruguay
domingo, 4 de marzo de 2012
PEDRO Y GRILLÍN (cuento infantil)
- Cric... cric... criiiiiiicccc
Pedro no podía dormir.
- Cric... cric.... criiiiiiiccccc
Llevaba casi tres horas sin poder conciliar el sueño. Encendió la luz de su dormitorio, miró alrededor y no vio nada que pudiera producir semejante chillido.
- Cric... cric.... criiiiiicccc
Al rato, agotado, se durmió, a pesar del chillido agudo y desconocido para él.
A la mañana siguiente le preguntó a su mamá:
- Mami, ¿qué era lo que anoche hacía cric... cric....criiiiiccc?
- Un grillo - respondió su mamá.
- Y ¿qué es un grillo?
- Un insecto de patas y antenas largas, que produce ese chillido cuando frota sus alas. Pero no vuela, sólo se desplaza muy rápidamente por el suelo. - le informó su mamá.
Pedro, siempre inquieto por conocer y aprender más, encendió su computadora escolar y buscó en internet datos y fotos de grillos.
A la noche, apenas se acostó, comenzó de nuevo el agudo chillido.
- Cric....cric....criiiiiiicccc
Rápidamente Pedro saltó de la cama y buscó al grillo. Lo encontró debajo de su cama.
- Hola, grillito. ¿Cómo te llamas?
- Grillín.
- ¿Y porqué chillas tanto de noche que no me dejas dormir?
- Nosotros, los grillos, somos insectos nocturnos. De día casi nunca se nos ve ni se nos escucha. De noche, cuando salimos, buscamos nuestro alimento y chillamos de esta forma para atraer a nuestra hembra. Lamento no haberte dejado dormir.
- No importa - añadió Pedro - pero cuéntame más de tí. ¿Todos los grillos chillan?
- Solamente los machos.
- ¿Y de qué te alimentas?
- Comemos plantas, tallos e insectos pequeños - respondió Grillín.
- ¿Porqué estás en mi casa? - preguntó, curioso, Pedro.
- Entré distraído. Pero debes saber que, si me mantengo muchos días adentro, puedo terminar muriendo. Necesito luz, aire, espacio al aire libre. Sino me voy debilitando, al igual que los Tatadios cuando están dentro de una casa por demasiado tiempo.
- ¿Quieres que te ayude a salir? - ofreció Pedro.
- ¡Me encantaría! Así podré encontrar mi alimento más fácilmente y creceré vigoroso. - respondió alegremente el grillo.
- Pues entonces súbete a mi mano que te sacaré afuera.
Y así lo hizo.
Grillín lo despidió con un cric... cric.....criiiiiiiiiiiiiiiicccc mucho más largo, de agradecido que estaba.
Y cada noche, cuando Pedro se acostaba, sentía a su amigo emitiendo su agudo chillido del lado de afuera de su ventana. Era su saludo de "Buenas noches", su forma de darle las gracias.
Pedro no podía dormir.
- Cric... cric.... criiiiiiiccccc
Llevaba casi tres horas sin poder conciliar el sueño. Encendió la luz de su dormitorio, miró alrededor y no vio nada que pudiera producir semejante chillido.
- Cric... cric.... criiiiiicccc
Al rato, agotado, se durmió, a pesar del chillido agudo y desconocido para él.
A la mañana siguiente le preguntó a su mamá:
- Mami, ¿qué era lo que anoche hacía cric... cric....criiiiiccc?
- Un grillo - respondió su mamá.
- Y ¿qué es un grillo?
- Un insecto de patas y antenas largas, que produce ese chillido cuando frota sus alas. Pero no vuela, sólo se desplaza muy rápidamente por el suelo. - le informó su mamá.
Pedro, siempre inquieto por conocer y aprender más, encendió su computadora escolar y buscó en internet datos y fotos de grillos.
A la noche, apenas se acostó, comenzó de nuevo el agudo chillido.
- Cric....cric....criiiiiiicccc
Rápidamente Pedro saltó de la cama y buscó al grillo. Lo encontró debajo de su cama.
- Hola, grillito. ¿Cómo te llamas?
- Grillín.
- ¿Y porqué chillas tanto de noche que no me dejas dormir?
- Nosotros, los grillos, somos insectos nocturnos. De día casi nunca se nos ve ni se nos escucha. De noche, cuando salimos, buscamos nuestro alimento y chillamos de esta forma para atraer a nuestra hembra. Lamento no haberte dejado dormir.
- No importa - añadió Pedro - pero cuéntame más de tí. ¿Todos los grillos chillan?
- Solamente los machos.
- ¿Y de qué te alimentas?
- Comemos plantas, tallos e insectos pequeños - respondió Grillín.
- ¿Porqué estás en mi casa? - preguntó, curioso, Pedro.
- Entré distraído. Pero debes saber que, si me mantengo muchos días adentro, puedo terminar muriendo. Necesito luz, aire, espacio al aire libre. Sino me voy debilitando, al igual que los Tatadios cuando están dentro de una casa por demasiado tiempo.
- ¿Quieres que te ayude a salir? - ofreció Pedro.
- ¡Me encantaría! Así podré encontrar mi alimento más fácilmente y creceré vigoroso. - respondió alegremente el grillo.
- Pues entonces súbete a mi mano que te sacaré afuera.
Y así lo hizo.
Grillín lo despidió con un cric... cric.....criiiiiiiiiiiiiiiicccc mucho más largo, de agradecido que estaba.
Y cada noche, cuando Pedro se acostaba, sentía a su amigo emitiendo su agudo chillido del lado de afuera de su ventana. Era su saludo de "Buenas noches", su forma de darle las gracias.
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